Cómo Netflix ha cambiado el ritmo de la novela moderna

Cómo Netflix ha cambiado el ritmo de la novela moderna. El impacto del streaming en la estructura narrativa de hoy Si tienes la costumbre de coger un libro por las noches antes de dormir, seguro que te has visto en esta escena más de una vez. Abres por el primer capítulo, te lees un par de páginas y, casi sin darte cuenta, la cabeza se te va a otra parte. Sientes que la historia no arranca ni a tiros, que el autor se recrea en detalles que no te aportan nada o que las conversaciones se alargan sin llegar a ningún sitio. Al final cierras el libro con cierto remordimiento, coges el mando de la tele y te pones un capítulo de cualquier serie para desconectar sin dar tantas vueltas. Se oye muchísimo eso de que las plataformas nos están destrozando la capacidad de atención, que si las pantallas nos han vuelto impacientes o que la gente ya no aguanta leyendo más de diez minutos seguidos. Pero cuando me pongo a revisar borradores y a hablar con autores, veo que la historia está bastante más matizada. La gente no ha dejado de leer ni le ha cogido tirria a los libros; lo que ha cambiado radicalmente es la paciencia que le tenemos a la paja en una historia. Netflix y el atracón de series no han matado las ganas de abrir un libro, ni de lejos, pero nos han educado el oído y la vista para consumir historias a otra velocidad. Y eso está transformando de arriba abajo la forma en que se escriben, se corrigen y se venden las novelas ahora mismo. La muerte de las cincuenta páginas de relleno antes de entrar en materia Hace años, cualquiera que escribiera podía permitirse el lujo de arrancar una novela dedicando tres o cuatro capítulos a hablar del paisaje, del frío que hacía en el pueblo, de cómo era la casa de la abuela y de la infancia del protagonista. Quien leía daba ese margen de confianza porque el ritmo del día a día era otro y no había mil alternativas de entretenimiento gritándote al oído desde el bolsillo. Pero a día de hoy, mandar a una editorial un borrador que tarda cincuenta páginas en enseñar de qué va la historia es pegarse un tiro en el pie. Nos hemos acostumbrado a que las historias nos agarren por la solapa desde el minuto uno. Es lo que en guion llaman el detonante. En los primeros tres minutos de una serie que funciona bien pasa algo que te descuadra: un cadáver en el maletero, un secreto que se destapa o una llamada a deshoras. Si en el primer plato no hay nada que te entre por los ojos, saltas a otra cosa sin pensarlo dos veces. Y ese chip se nos ha quedado pegado a todos. Ahora, quien coge un libro busca sentir desde la primera página la dopamina de un problema gordo por resolver o una voz que te arrastra. Los arranques contemplativos donde no pasa de nada se sienten como un freno de mano echado. En resumen, que si el primer capítulo no te engancha, lo normal es que el libro se quede criando polvo en la mesilla. Capítulos que funcionan como episodios de media hora El cambio no está solo en cómo empieza la novela; se nota sobre todo en la forma en que se van cortando las escenas. Antes era muy habitual encontrarse capítulos larguísimos, de veinte o treinta páginas, pensados casi como pequeñas historias cerradas dentro del libro. Hoy en día basta con darse una vuelta por las novedades de cualquier librería para ver que la arquitectura de los libros actuales es completamente distinta. Los capítulos son mucho más cortos, de cuatro o cinco páginas como mucho. Pero lo divertido no es que sean breves, sino dónde te dejan tirado. El truco de cortar la escena en el momento de más tensión se ha llevado a un punto casi de adicción. Las historias ahora cortan justo cuando alguien va a abrir un sobre, cuando se escucha un ruido raro en el sótano o cuando el protagonista descubre algo que lo cambia todo. Cortan ahí, te cambian de escenario en el siguiente capítulo y te dejan con las ganas. Es calcado al botón de la tele que te da cinco segundos para cancelar el siguiente episodio. Está pensado para que te digas eso de «bueno, leo uno más y me duermo», y cuando te quieres dar cuenta te han dado las tres de la mañana. ༺ Dale una oportunidad a tu historia — Conoce el servicio de escritura fantasma ༻ Menos pintura de paisaje y más movimiento Si coges una novela de hace unas décadas, te encontrarás páginas enteras detallando cómo era el tallado de una mesa de madera, el encaje de un vestido o la forma en que entraba la luz por el tragaluz. Tenía todo el sentido del mundo: era la única forma que tenía la gente de imaginarse sitios a los que nunca iba a viajar. Pero hoy en día, que nos pasamos la vida viendo imágenes en alta definición y vídeos de cualquier rincón del planeta, tirarse dos páginas explicando cómo es un salón no aporta gran cosa; más bien aburre. Procesamos lo visual a una velocidad enorme. Con dos pinceladas bien puestas, la cabeza de quien lee ya te completa el resto de la habitación. Si me dices que el personaje entra en un bar de carretera que huele a aceite quemado y tiene la barra pegajosa, no me hace falta que me cuentes de qué color son las baldosas. La foto la tengo montada en la cabeza en un segundo (y probablemente sea más nítida que la que tú tenías pensada contarme). Por eso la narración moderna es mucho más limpia: en vez de parar la historia para pintar un cuadro, el escenario te lo van enseñando sobre la marcha, mientras los personajes se mueven,